domingo, 31 de diciembre de 2017

Que tengan un año monstruo de felicidad, un año genio cargado de ventura…




Que tengan un año monstruo de felicidad, un año genio cargado de ventura…


Una colecta de dibujos de un Sebastián infante que Yineska tenía guardados. Entre cuatro y cinco años calculo que tendría el dibujante. Incluye un retrato de un servidor con una franela que muestra el rostro del dibujante, otros con el genio de la antigua leyenda con Aladino y su lámpara, amén de una colecta de monstruos... Están hechos en hojas muy pequeñas de una libreta, acaso 6 X 4 centímetros. Aquí se los dejamos deseándoles un año monstruo en cuanto al lote de felicidad, sosiego, ventura y compartida prosperidad…

SALUD!
lacl






Carta de Rilke a Kappus, 23 de Diciembre de 1903.


Rilke, esbozo de Pasternak

Roma, 23 de diciembre de 1903

Estimado señor Kappus:

No ha de quedar sin mi saludo, ahora que llegan las Navidades, y que en medio de tantas fiestas debe pesarle su soledad más aún que de costumbre. Pero si siente que esta soledad es grande, alégrese. Pues -así ha de preguntárselo a sí mismo- ¿que sería una soledad que no tuviera su grandeza? Sólo hay una soledad. Es grande y difícil de soportar. Y casi a todos nos llegan horas en que de buen grado la cederíamos a trueque de cualquier convivencia. Por muy trivial y mezquina que fuere. Hasta por la mera ilusión de una ínfima coincidencia con cualquier otro ser. Con el primero que se presente, aunque resulte tal vez el menos digno. Mas acaso sean éstas, precisamente, las horas en que la soledad crece, pues su desarrollo es doloroso como el crecimiento de los niños y triste como el comienzo de la primavera. Ello, sin embargo, no debe desconcertarle, pues lo único que por cierto hace falta es esto: Soledad, grande, íntima soledad. Adentrarse en sí mismo, y, durante horas y horas, no encontrar a nadie... Esto es lo que importa saber conseguir. Estar solos como estuvimos solos cuando niños, mientras en derredor nuestro iban los mayores de un lado para otro, enredados en cosas que parecían importantes y grandes, sólo porque ellos se mostraban atareados, y porque nosotros nada entendíamos de sus quehaceres.

Ahora bien: si un día se acaba por descubrir cuán pobres son sus ocupaciones, y se echa de ver que sus profesiones están yertas y faltas ya de todo nexo con la vida, ¿por qué no seguir entonces mirando todo eso con los ojos de la infancia, como si fuese algo extraño? ¿Por qué no mirarlo todo desde la profundidad de nuestro propio mundo, desde las extensas regiones de nuestra propia soledad, que es también trabajo y dignidad y oficio? ¿Por qué empeñarse en querer cambiar el sabio no-entender del niño por un espíritu constantemente en guardia y lleno de desprecio frente a los demás, ya que no comprender es estar solo, mientras defenderse y despreciar equivale a tomar parte en aquello de lo cual uno quiere precisamente desligarse por tales medios?

Piense, muy estimado señor, en el mundo que lleva en sí mismo, y dé a este pensar el nombre que guste. Así sea recuerdo de la propia infancia, o anhelo del propio porvenir. Sobre todo, permanezca siempre atento a cuanto se alce en su alma, y póngalo por encima de todo lo que perciba en torno suyo. Siempre ha de merecer todo su amor cuanto acontezca en lo más íntimo de su ser. En ello debe usted laborar de algún modo, y no perder demasiado tiempo ni demasiado ánimo en esclarecer su posición frente a sus semejantes. ¿Hay acaso quien pueda asegurarle que usted tiene siquiera posición alguna?

Ya sé, su carrera9 es para usted dura y llena de cosas que se hallan en contradicción con su modo de ser. Yo preveía su queja y sabía que no dejaría de llegar. Ahora que ha llegado, no sé cómo aquietarla. Sólo puedo aconsejarle que considere si todas las profesiones no son también así: llenas de exigencias y de hostilidad para cada individuo y, en cierto modo, saturadas del odio de cuantos se han conformado, mudos y huraños en su sordo rencor, con el cumplimiento de un deber insulso y gris, falto de toda ilusión...10 La posición en que ha de vivir ahora no se halla más gravada de convencionalismos, prejuicios y errores, que cualquier otro estado. Si bien hay algunos que hacen alarde de mayor libertad, no existe de veras ninguno que por dentro sea desahogado y amplio, y tenga relación con las grandes cosas en que consiste la verdadera vida. Únicamente el hombre solitario está sometido, cual una cosa, a las leyes profundas de la naturaleza. Y cuando uno sale al encuentro de la naciente mañana, o con su mirada penetra en la noche preñada de aconteceres, sintiendo cuanto ahí acaece, entonces despréndese de él, cual de un muerto, toda condición, aunque él se halle en medio del más puro vivir.

Lo que usted, muy estimado señor Kappus, ha de sentir ahora como militar, lo habría sentido de modo parecido en cualquier otra carrera. Y aun cuando, fuera de todo cargo y empleo, hubiese procurado mantener con la sociedad tan sólo una tenue forma de contacto, que dejase a salvo su independencia, no por eso le habría sido ahorrado el sentirse cohibido. En todas partes ocurre lo mismo, pero esto no ha de ser motivo para sentir angustia ni tristeza. Si no hay nada de común entre usted y los hombres, procure vivir cerca de las cosas. Ellas no le abandonarán. Aun hay noches y vientos que van por entre los árboles y por encima de muchas tierras. Aun, en cosas y animales, está todo lleno de acaeceres que usted puede compartir. Y también los niños siguen siendo todavía como usted fue de niño: tan tristes y tan felices. En cuanto usted piense en su propia infancia, volverá a vivir entre ellos, entre los niños solitarios. Y entonces las personas mayores ya no significarán nada, ni tendrá valor alguno toda su dignidad.

Si le angustia y le tortura el pensar en la infancia, en la sencillez y quietud que con ella van enlazadas -porque usted ya no sabe creer en Dios, que está presente en todo ello-, pregúntese entonces a sí mismo, querido amigo, si es que de veras ha perdido a Dios. ¿No será más cierto que nunca lo ha poseído aún? Pues ¿cuándo habría podido ser? ¿Cree usted que un niño pueda tenerle a Él, a quien sólo con gran esfuerzo logran llevar los que ya son hombres, y cuyo peso doblega a los ancianos? ¿Cree usted que si alguien lo poseyera de verdad, podría jamás perderle como se pierde una piedrecita? ¿No le parece más bien, como a mí, que quien lo poseyese, ya sólo podría ser perdido por Él?... Ahora bien: si usted reconoce que Él nunca se halló en su infancia, y que antes tampoco fue; si llega a sospechar que Cristo fue deslumbrado por su inmenso anhelo, y Mahoma engañado por su gran orgullo; si con espanto siente que tampoco ahora está presente, en este mismo instante en que de Él estamos hablando, ¿con qué derecho pretende entonces echarlo de menos, a Él que nunca fue, como a un ser que hubiese pasado y desaparecido? ¿Y qué le autoriza a buscarlo como si se hubiera perdido? ¿Por qué no piensa más bien que Él es Aquél que aun ha de venir, el que desde hace una eternidad está por llegar: El Venidero 11, fruto supremo de un árbol cuyas hojas somos nosotros? ¿Qué le impide proyectar Su nacimiento hacia los tiempos por venir? Y ¿qué le priva de vivir su propia vida, como se vive un día doloroso y bello en la larga historia de una magna preñez? ¿No ve cómo todo cuanto acontece es siempre un comienzo? Y ¿no podría ser esto el principio de Él, ya que todo comenzar es en sí tan bello? Si Él es El Más Perfecto, ¿no ha de precederle forzosamente algo menos grande, para que Él pueda elegir su propio ser de entre la plenitud y la abundancia? ¿No debe Él ser El Último, para poder abarcarlo todo en sí mismo? ¿Qué sentido tendría nuestra existencia si Aquél a quien anhelamos hubiera sido ya?...

Así como las abejas liban y juntan la miel también nosotros extraemos de todo lo más dulce para edificarlo a Él. Podemos iniciarlo también con lo ínfimo. Con lo que menos presencia tenga: siempre que suceda por amor. Con el trabajo y luego con el reposo. Con un silencio. Con una pequeña y solitaria alegría. Con todo cuanto realicemos solos, sin partícipes ni seguidores, iniciamos a Aquél que no alcanzaremos a conocer, como tampoco nuestros antepasados pudieron conocernos a nosotros. Sin embargo, esos que hace tanto tiempo pasaron, están aún dentro de nosotros. Como depósito, herencia y fundamento. Como carga que pesa sobre nuestro destino. Como sangre que bulle, y como ademán que se alza desde las profundidades del tiempo. ¿Hay algo que logre arrebatarle la esperanza de llegar algún día a estar del mismo modo en Él, que es El Más Lejano, El Supremo?...

Celebre, estimado señor Kappus, las Navidades con el piadoso sentimiento de que Él, para poder empezar, necesite tal vez de esta misma angustia que usted abriga frente a la vida. Precisamente estos días de transición son quizás la época en que todo en usted labora para moldearle a Él, como también antes, cuando niño, trabajó ya, anhelante, en darle forma. Tenga paciencia y serenidad. Y piense que lo menos que podemos hacer es no ponerle nosotros más trabas a su desarrollo que la tierra a la primavera, cuando ésta quiere llegar. ¡Quede contento y confiado!

Su

Rainer Maria Rilke


Con Lou Andreas








Este escrito es el badajo y nosotros la campana: ANTES DEL LARGO ADIÓS Héctor Silva Michelena



Este escrito es el badajo y nosotros la campana donde éste repica y se queda resonando. A Hector Silva Michelena quisiera decirle, de corazón, que no estamos tan solos los hombres solos, porque somos una legión de insomnes; al menos, podemos contentarnos en ser una legión de solos. “El hombre nace solo y muere solo”, rezó alguna vez Lawrence. Ya hemos nacido solos y solos hemos de morir. Lo que sucede es que ello se oculta a los niños, como si se tratara de un pecado de origen. Pero entiendo en demasía (esto es, con las vísceras) su grito de insomne “mientras los demás duermen”. Mi padre no estaba solo o, al menos, no tan solo de familia cuando se dijera: ¡ya basta! Pues ya lo había comprendido muy bien: este mundo está escrito por quienes creen que nunca llegarán al senex, a la senectud, aunque muchos llegan a la senectud sin pasar por el senex, pues senex es sabiduría. Claro, también es cierto que este mundo además está escrito (y ello no debería causar extrañeza) por la inclemencia, esa caprichosa compañera eternamente púber. El hombre o mujer joven o de mediana edad suelen ser inclementes. Sobre todo con la vejez. Lo peor: lo son con la vejez de los suyos. Así que la vejez suele ir al traste como un trasto o a trastiendas de un almacén del olvido. “…Es que el cuerpo se transforma en una cárcel…” fue otra de las postreras frases de mi padre, y se fue una mañana de cielo verde, absolutamente verde, lo recuerdo bien, yaciendo al lado de mi madre. Muchos años después, mi madre me repetiría el sermón, un sermón que jamás hubiera uno imaginado brotar de sus labios, dada su casi incomprensible vitalidad. 

Todo ser humano ha de tener el derecho de envejecer cacareando sobre el techo de su casa si le diera la gana, para (como el poeta Katsimbalis que rememora Henry Miller en sus memorias de Grecia) despertar a todos los gallos dormidos y alborotar la ciudad. Ese es su derecho (salvo que ya en pocas ciudades del mundo cantan todavía los gallos) y ya nadie comprende lo que es el derecho de cacarear. Así que no, ésa no es la receta a indicar o a prescribir. La segregación, sumada al natural languidecimiento de nuestras humanas facultades, por supuesto que no le ha de causar solaz a ningún ser humano que alcance la edad en que prospera la sabiduría del senex… Y, por desgracia, la segregación no se limita a la que un usurpado “estado” predica y practica sobre una desamparada ciudadanía, pues el colectivo (con esa institución llamada familia incluida) suele frecuentemente (y, grosso modo, claro está) actuar en modo muy, pero muy similar -esto es, artera y desastradamente- a como se desempeña esa usurpación del “estado” liderada por una manada de carniceros. ¡Yo he visto a Gregorio Samsa muy de cerca! Y no he podido ayudarle. No he podido evitar que le incrustaran, de un golpe, la manzana verde en la espalda, tampoco pude evitar que en su espalda se pudriera. Así que entiendo perfectamente la miseria, el rigor, la aspereza e inclemencia de la que tan pasmosa y cáusticamente nos versa Silva Michelena en su doliente, pero templada glosa. Ya quisiera yo ser el mesonero de ese café, para sentarme a su lado y decirle: vámonos maestro, le acompaño. Y si no hay gallos, nos los inventaríamos.

Agrego un fragmento que, como he dicho ya alguna vez, atesoro como un rezo…

[… El mismo Marco Aurelio, que gastó sus días en administrar todo un impero, pudo expresar en ocasiones tal sensación desoladora del extrañamiento: “Toda la vida del cuerpo humano es una corriente que fluye; su existencia, una pelea y una estancia en un país extranjero, y su fama póstuma, puro olvido” …]

E. R. Dodds, Paganos y cristianos en una época de angustia, uno de los más extraordinarios libros que haya leído en toda mi vida.

Gracias a Mery Sananes por abrir el abanico y mostrarlo en espejo. A pie de página colocamos el enlace original publicado por Embusterias, el blog de la querida Mery. Recomendamos leer la carta de Mery en respuesta al largo adiós publicado por Hector Silva Michelena.

Salud!
lacl

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ANTES DEL LARGO ADIÓS
Héctor Silva Michelena

Creo que la vida me ha dado poco; no hablo de riquezas, sino de la vida feliz. Las dos últimas décadas han sido de noches insomnes. El hambre, la muerte el terror policial. El latrocinio hecho ley. Yo, que he amado la vida, me he convencido de que la vida humana, en todas partes, es un estado que tiene más de sufrimiento que de dicha.
Estas líneas surgen de una necesidad personal que grita la búsqueda de un trago que pudiera consolarme y mitigar los dolores de la vejez, los de la pérdida de seres queridos y esos que azotan por la lucha, sin fortuna, contra una maligna enfermedad. ¿El medicamento específico? Monopolio del gobierno, y le pregunto. Respuesta: “No hay”. Los días a pan y agua, las noches sin pan.

El título de un cuento de Ernest Hemingway, Mientras los demás duermen, sugiere en su plural que el insomne es alguien que está solo. El insomne sale de una circulación cotidiana, aunque sueñe con los ojos cerrados o para dormir despierto. ¿Es lo mismo estar desvelado y no poder dormir que despertar en medio de la noche y no volver a conciliar el sueño? ¿Cómo hemos pasado del sueño al insomnio?”.
Hay quien arriesga una respuesta y la sitúa en dos obras de Shakespeare. Un indicio proviene de Macbeth: “Hemos asesinado al sueño”; otra verdad proviene de Hamlet, cuyo padre ha sido asesinado mientras dormía. Estamos en medio de la noche, sin estrellas. ¿Se ha ido el sol para siempre?

Solía ir a un café a meditar y escribir. Un día era tarde y todos habían dejado el café, excepto un anciano –tal vez yo– sentado a la sombra que las hojas del árbol hacían con la luz eléctrica. De día la calle era polvorienta, pero en la noche el rocío abatía el polvo y el anciano gustaba de sentarse hasta tarde porque necesitaba muletas. Y ahora, de noche, todo estaba tranquilo y él sentía la diferencia. Los dos meseros en el interior del café sabían que el anciano estaba un poco bebido y, aunque era un buen cliente, sabían que de beber demasiado no podría usar sus muletas y caer. Y así fue. Ese otro era yo.
Envejecer es más difícil que morir, por la razón de que renunciar de una vez y en conjunto a una vida que vive con poca esperanza, cuesta menos que un largo adiós. Soportar la propia decadencia y aceptar la segregación es un trance más amargo que desafiar la muerte. Hay una aureola en la muerte muy dulce, y solo hay una larga tristeza en la caducidad creciente. La madurez del alma no vale nada en esta tierra de gases lacrimógenos. Sin derechos humanos.

Leía el Eclesiastés, un libro del Antiguo Testamento, en hebreo llamado Qoheleth, o cohélet, según la traducción alejandrina judía. Esa palabra se identifica como “el hijo de David, rey en Jerusalén”, tradicionalmente atribuida al rey israelita Salomón. Significaba orador o predicador ante una asamblea. Este es mi libro favorito de los que componen la Biblia. Encontré una estructura en la que alguien se va conociendo cada vez más a sí mismo, con un Yahvé que estará ausente cuando uno está asenté. Y esta obra, la más sabia de toda la Biblia, no nos concede solaz, si aceptamos dicha sabiduría.

Dice Cohélet: “¡Vanidad de vanidades! ¡Todo es vanidad! ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?”. Quiero citar ahora algunos versículos de la sabiduría de Salomón: “Corta y triste es nuestra vida; no hay remedio en la muerte del hombre ni sabe de nadie que haya vuelto del Hades. Por azar llegamos a la existencia y luego seremos como si nunca hubiéramos sido. Al apagarse, el cuerpo se volverá ceniza y el espíritu se desvanecerá como aire inconsistente. Caerá con el tiempo nuestro nombre en el olvido, nadie se acordará de nuestras obras; pasará nuestra vida como rastro de nube, se disipará como niebla acosada por el sol y por su calor vencida. Paso de una sombra es el tiempo que vivimos, no hay retorno en nuestra muerte, porque se ha puesto el sello y nadie regresa”.

¿Es esta la sabiduría de la aniquilación? No lo sé, no lo creo. El siglo XX conoció la “sabiduría” de Mi lucha, en alemán Mein Kampf, receta para la “solución final”; es decir, la exterminación de los judíos. O uno de los mayores genocidios de la historia: el exterminio deliberado, por hambre, de siete millones de ucranianos. Fue una decisión política de Stalin que pretendía así “disciplinar” al díscolo campesinado de Ucrania.

Sabemos que Némesis, hija de la Noche, era una diosa venerable del panteón griego. Es nuestra mortalidad, nuestra mala suerte, nuestro flagelo. Creo que la ausencia de sabiduría se centra en ella.
Yo me pregunto como el Salmista: “¿Cuál es la medida de mis días?” De los ocho primeros versículos del capítulo 3, copio: “Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”. Antes del fin, Cohélet: “Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos y se echen encima años en que dirás: ‘No me agradan’; mientras no se nublen el sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen tras la lluvia”.

Y antes del largo adiós, recordaré al poeta Miguel Hernández: “Espérate, muerte, espera/espérate a que me muera/cuando te lo pida yo”. Cuando la guerra haya terminado.
30 de noviembre del 2017

Este es el enlace a que hacemos referencia arriba, Recomendamos su lectura.

jueves, 21 de diciembre de 2017

Cuando la música y la poesía se fusionan... Boceto y Retrato



Cuando la música y la poesía se fusionan es previsible que sobrevenga el secuestro; un secuestro que enciende corazones y aviva memorias. Dejo aquí, pues, un boceto escrito bajo el influjo de una balada que todo lo arrasa: Retrato, cuyo enlace dejamos colgado más abajo, una interpretación de Carlos Do Carmo y Bernardo Sassetti.

Salud,
lacl
.......

A veces siento pena por quienes
nunca se permitieron el llanto.
A veces siento pena por quienes
no se permitieron llanamente el sentir.
A veces me invade la pena por quienes
no se condolieron de nada ni de nadie,
en su camino hacia la tumba.
A veces siento pena por las noches solas,
tan solas de soledad y, sin embargo,
tan completas en su desnuda intimidad
que no pregunta a nadie nada,
ni por madre o padre, ni destino o hado.
Y entonces intuyo que la pena
no es pena padecida
por la íngrima soledad de las noches
en su paciente inquietud,
sino por este absurdo
y roto matrimonio
del hombre con el hombre,
con su espejo, con su ombligo,
con ese rostro suyo que, todos los días,
la brisa modula golpeando sus mejillas
al tomar las calles…
A veces siento que una pena va conmigo
y es esta pena acompañada,
esta pena que no transige,
que no razona, que sólo sabe penar.
Yo no me duelo, pero con ella voy
entre penando y pensando,
reptando o haciendo equilibrio
sobre las comisuras del por qué.
Y es que el pecho se me desborda
como un vaso al que no le cabe ya más vino.
No es que esté ahíto de sabores, ni de olores,
pues con ellos se aroma la memoria,
sino que la sangre se inunda de otra sangre,
de un vino más vivo que el rojo flujo del sol,
de una sed y un querer que, acaso,
no puede ni podrá ser saciado jamás por nada,
absolutamente nada, de lo creado.
A veces siento pena por aquellos
que jamás se han concedido un llanto.

Boceto, 19 / 12 / 2017, noche…
.......

Carlos Do Carmo, Bernardo Sassetti - Retrato

Hay que ver sus expresiones cuando, una vez que ha culminado el canto, Sassetti levanta su pie del pedal del piano. Eso lo dice todo.
Silencio y memoria.

Carlos do Carmo se declaró militante de su ciudad: "Lisboa es todavía una ciudad que tiene alma. Y de las pocas del mundo que tiene una canción. No soy un nostálgico, pero Lisboa provoca nostalgia de lo bello. Hay algo en ella que habla".





lacl. Caracas, Venezuela


lacl. Zamora, México

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Ching 36, La tierra – El fuego / Oregon - Witchi-Tai-To




Ching 36, La tierra – El fuego [17 / 01 / 11]


El cielo me invita a callar.
Su repentino esclarecimiento,
rebelión de la luz solar,
aún no alcanza para entibiar
los vientos que la noche
alojó en nuestras almas
y vísceras;
gélida ofrenda de las tinieblas
que impregnaron nuestros huesos
y se hundieron hasta el tuétano,
para luego brotar modulando
el tono de nuestras espiraciones.
La luz yace escondida
en el regazo de la noche.

Negro silencio
es lo que nos depara
la fugacidad del instante.

Y el más hermoso regalo
contemplar la diáspora
de nuestras exhalaciones,
espolvoreando efímeras
chispas de luz
hacia los pulmones
de la inmensidad.






Proposiciones... I want to die or I want to live / The Fool on the hill


Un extraño retazo encontrado al desgaire y que aquí dejo colgado…
Salud!
lacl



I want to die or I want to live

No es lo mismo que decir

I want to be free

“Que los gusanos me coman” puede ser una frase tanto más feliz que “no quiero morir”.

El mundo humano es un dislate, una caricatura de mal gusto, una apuesta al todo que pierde de arrancada, un falsete o gallo escapado del fuelle de nuestros pulmones, cuando estábamos convencidos que de ellos exhalaríamos nuestra más bella alharaca.

Shakespeare ha sido un hermoso e infortunado incidente (para el vulgo, quiero decir, para todos).

Y no menos lo ha sido el candoroso de Cervantes.

¿A quién se le ocurre apostar al trágico ensimismado en su candor?

A enfermos locos de remate, ni más ni menos. A descaminados sin oficio, a los embobados por la luna, a los únicos seres que son capaces de sabrosear el silencio, los inveterados flojos, a los cultores de una gula invertebrada.
 

Tonto...


25 de Enero 2013





jueves, 7 de diciembre de 2017

¡Maruja, Marujita Loynaz, hija de Antonio! Memoria de mi madre en torno a un poema de Leoncio Martínez




¡Maruja, Marujita Loynaz, hija de Antonio!

Noche del 06 al 07 de 2017... (La foto de arriba es una que mi madre editara para dejarnos como legado de la memoria. Maruja con sus amigos, es la que tiene una pajilla en la boca. Igualmente dejamos unas fotos de la estampa que montara en sus prensas Don Leoncio)









* * *
¡Maruja, Marujita Loynaz, hija de Antonio! Es la frase que me asalta la memoria esta noche, noche del 6 para el 7, expresión con la que Luis Amado le gustaba parodiar juguetón en lo que llegaba a la casa… 


Son 96 ruedas al orbe, aunque ahora hayas comenzado a darlas en otra órbita. 

Aquí te dejamos un canto de hombre sencillo, como aquel con quien fundaras casa. Porque (y a mí no me cabe duda) ése ha de haber sido el talante de Luis Amado para que, implorada, no es que echaras una mano en la casa, sino para que en la tierra y con tus manos se asentaran sus cimientos.

La expresión viene de un poema que le escribiera Leoncio Martínez a mi madre cuando era una niña. Luego lo transcribo y subo una foto de ese poema.


lacl.-
P. S. Se trata de Lavorare stanca (Trabajar cansa, el hermoso poema de Pavese)

07-12-2017
.......


Traversare una strada per scappare di casa 
lo fa solo un ragazzo, ma quest’uomo che gira 
tutto il giorno le strade, non è più un ragazzo 
e non scappa di casa. 
Ci sono d’estate 
pomeriggi che fino le piazze son vuote, distese 
sotto il sole che sta per calare, e quest’uomo, che giunge 
per un viale di inutili piante, si ferma.
Val la pena esser solo, per essere sempre più solo?
Solamente girarle, le piazze e le strade 
sono vuote. Bisogna fermare una donna 
e parlarle e deciderla a vivere insieme.
Altrimenti, uno parla da solo. È per questo che a volte 
c’è lo sbronzo notturno che attacca discorsi, 
e racconta i progetti di tutta la vita.
Non è certo attendendo nella piazza deserta 
che s’incontra qualcuno, ma chi gira le strade 
si sofferma ogni tanto. Se fossero in due, 
anche andando per strada, la casa sarebbe 
dove c’è quella donna e varrebbe la pena.
Nella notte la piazza ritorna deserta 
e quest’uomo, che passa, non vede le case 
tra le inutili luci, non leva più gli occhi: 
sente solo il selciato, che han fatto altri uomini
dalle mani indurite, come sono le sue.
Non è giusto restare sulla piazza deserta.
Ci sarà certamente quella donna per strada 
che, pregata, vorrebbe dar mano alla casa.
*******
Franquear una calle para huir de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que anda
todo el día en las calles, ya no es un muchacho
y no se escapa de casa.
En el verano hay
tardes en que las plazas se quedan vacías, tendidas
bajo el sol que está por ponerse, y este hombre, que viene por
una avenida de plantas inútiles, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Callejear sin más; las plazas y las calles
están vacías. Es preciso detener a una mujer,
y hablarle y convencerla de hacer vida juntos.
De otro modo, uno se habla solo. Y es por ello que, a veces,
en la noche el borracho acomete discursos,
y recuenta el proyecto de toda la vida.
No es cierto que esperando en la plaza desierta
se encontrará con alguien, mas quien anda en las calles
se detiene de tanto en tanto. Si fueran dos,
aun andando por la calle, la casa estaría 
donde esa mujer y valdría la pena.
En la noche, la plaza vuelve a quedar desierta
y este hombre, que pasa, no ve las casas
tras las inútiles luces, no eleva más los ojos:
siente sólo el empedrado, que han hecho otros hombres
de manos endurecidas, como lo son las suyas.
No es justo quedarse en la plaza desierta.
Sin duda en la calle estará esa mujer 
que, implorada, quiera dar una mano en la casa.
...

Trabajar cansa, Césare Pavese...
En el video viene doblemente subtitulado el famoso poema de Pavese al italiano y a nuestra lengua castellana...
Fotogramas y escenas del amado Tarkovski.


Agregamos este bello documento...


Un aguinaldo que a mi madre le robara el corazón...



Un momento de soledad... A mi hermana Marianella, Sol.




Un momento de soledad...

(Una memoria. Sábado, 19 de septiembre de 2015)


Ayer teníamos la grata visita de mis cuñados. En un momento hice un alto y subí una vieja y adorada estrofa de Vinicius de Moraes, mientras conversaba con mi mamá por teléfono. Ella me preguntaba: cuántos años sin Nella? - Parece mentira, mamá, hoy son cuarenta y cuatro...

Muy pocos años después de su partida estuve en la casa en que Marianella viviera sus últimos días en la tierra, a orillas del mar, con mis amados amigos -todos, de alguna manera, viudos suyos-. Eran años de bohemia y extravío. Años de incompresible e interminable búsqueda, años de incertidumbre, de -acaso- un “no saber sabiendo”, en los que la única certeza era la de llevar a todo lugar la voz y el corazón atados, pero con ganas, muchas ganas y con mucha hambre de aullar.

En un momento de soledad, me fui a la orilla y le escribí estas líneas sobre el arrugado papel de un periódico, a falta de cualquier otro pliego donde pudiera expresar mi sentir… Nunca me satisfizo porque no logra expresar el hondo sentir de aquellas horas, acaso tan sólo logre dar fe de lo vivido.

      a Marianella

Sol Sol Sol

Sol vívido
(dame tu luz)

              Sol ya caído

Aún desde el ocaso,
tú te devoras las luces del avión
que va flotando por el cielo
como un nenúfar sobre un río

Te engulles las temblorosas luminarias
de aquella barca distante en el horizonte
y las de esta fogata que encendí
a orillas del mar

Sol Sol Sol

Incluso en el ocaso,
¿por qué no te devoras las sombras,
por qué no te comes la luna
y el arrojo de las olas?

¿por qué no me abrazas?

¿por qué no me quemas?

¿por qué no me llevas?

.


Marianella y nuestro amado tío Rafael Melo, en uno de sus chistes...

Dejamos aquí unos aguinaldos que bordaron nuestras vidas, pues no toda nostalgia es tristeza.





 

jueves, 30 de noviembre de 2017

Coral / Boceto en cien palabras




Coral

La noche se disipa entre las luces de la urbe iluminada.

El neón palpita, sin diástole ni sístole, en el fondo de citadinas pupilas.

La vida corre, a veces impasible, a ratos desbordada, por sus inopinados y desatendidos recovecos.

Un hombre solo bajo un puente atisba la luna que solfea de otro reino.

Ella aflora entre las rendijas que dejan las siluetas de los edificios, como quien descorre una cortina o quita una máscara, develando la música de otro vivir latiendo allí, donde una sonrisa le retrata. 

Entonces reza a sottovoce: no estoy más solo que quienes ahora duermen…





(Kurt Weill) Tango Ballade



Ella Fitzgerald, I'm the mood for love



lunes, 27 de noviembre de 2017

Un día por la mañana, Vladimir Holan



Un día por la mañana, al abrir la puerta,
encontraste en el umbral los zapatos de baile.
Era para besarlos y tú lo hiciste enseguida
y volviste a sentir alegría después de tantos años,
todas las lágrimas largo tiempo contenidas
ascendieron a tu risa.
Luego te reíste y desde el alma rompiste a cantar
con la tranquilidad de la juventud...
No preguntaste qué hermosa
dejó los zapatos en el umbral.
Nunca lo averiguaste
y, sin embargo, de aquel feliz momento
aún vives con frecuencia...


Vladimir Holan. Traducción de Clara Janés





viernes, 24 de noviembre de 2017

Continuidad de la noche… Agradeciendo un adagio... Algunas melodías de Kurt Weill.



Esta tarde fui herido por ese dulce dardo, mínimo pero inmenso, apretado de Mery Sananes... Acto seguido, ipso facto, impulsado como por un resorte irresistible, salieron las líneas que agrego debajo de su conmovedor adagio. Acá los dejo en ofrenda.

Salud,
lacl


Continuidad de la noche…


Sol
luminosa continuidad
de la noche

Mery Sananes



El sol,
luminosidad continua
de la oquedad celeste,
le canta a la noche
en todos sus rezos.
Junta sus prismas
y le apuesta sus filtros,
para no cegarse
ante la atesorada oscuridad.
El baja la cerviz cada mañana
de su mañana perenne,
que sabe finita.
Y no se hace ilusiones
ni se torna altivo
(como sus adoradores terrestres)   
ante la sombra indescifrable
que, en otra mañana,
empapelada de azul oscurantina
le servirá de lecho
a sus postreros cantos.



lacl, 24 / 11 / 2017 


Dejamos algunas imágenes y enlaces musicales de 
la mano de Kurt Weill