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jueves, 24 de marzo de 2016

GUARIDA DE LOS POETAS. ENSAYOS PARA UNA AFORÍSTICA, ALEJANDRO DREWES





Una deuda que tengo con el tiempo y los gustos. Hace mucho que en mis archivos reposan estos aforismos y algunos poemas de Alejandro, a la espera de alojarse en la guarida. Subsanaremos, en parte, la deuda, aprovechando que estamos enquistados en casa, por causas de fuerza mayor... Es un gusto poder aprovechar el tiempo. Este servidor adora el aforismo, el apotegma, el adagio, porque siente, a pie juntillas, aquello que dijera Karl Kraus: “El hálito más prolongado es el del adagio.” Y estos aforismos apuntan a una poética; son palomas redondeadas por los vientos que acarician su plumaje. Espero que rocen la sien de algún lector desprevenido, que es –a mi juicio- el lector que se agradece.  

Salud!

lacl




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1.
Tantos días volando como cien pájaros grises. Sin temor ni retorno ni prisa.
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2.
Y en Konia esa tumba precisa a la que rendir homenaje con peregrinos pasos, en algún lugar del arduo camino esa tumba, y luego la Nada.
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3.
Hay los que escuchan todavía, y las vastas catedrales del silencio.
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4.
Larga sombra del logos, a su tiempo extendida sobre el mundo: siempre un poema más allá de ti plañirá.
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5.
Una sola lengua en la que luna y espejo nombren una y la misma cosa.
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6.
Nada más que la vaga memoria de tu rostro amado queda, por entre la hierba fugaz, al quemante sol de los años.
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7.
Porque tuve sed, y de esas aguas oscuras me diste al fin de beber.
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8.
El poeta que dona su grande alma en pública almoneda, entre cazurros e idiotas.
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9.
Con la cabeza desnuda durar, bajo la tormenta ominosa de Dios.
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10.
Sí, de ese tiempo hablaba entonces, sin fin ni razón ni principio.
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11.
Para nada se escribe, para ninguno. Otra cosa son los ínferos desde donde se escribe.
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12.
Se parte siempre, bajo el cielo del Libro de Juan, hacia la patria infinita se parte del más íntimo exilio.
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13.
Nuevos poetas laureados en palacio, en la noche triste del exceso. Camino al Círculo de los traidores sus palabras vanas sin regreso van.
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14.
En el pabilo del día la noche, salamandra eternamente danzando, la ubicua en el fuego.
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15.
Carga el pobre su gastado saco de huesos, el rico su pesado saco de oro. En la encrucijada del camino se cruzan sin verse, al borde mismo de la zarza filosa del tiempo.
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La foto de abajo es paisaje  que tomo de la página personal de Alejandro...



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