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jueves, 4 de noviembre de 2010

La fuerza de la verdad. Santiago L. García.


La fuerza de la verdad.
Santiago L. García.
Aunque tarde la publico, es una exigencia que me hago. La fuerza de la verdad es una glosa tomada del diario Tal Cual, en ocasión del fallecimiento de Franklin Brito. Comulgo con ella en todos sus puntos.


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LA FUERZA DE LA VERDAD
Santiago L. García


Si Gandhi hubiese nacido en la Venezuela actual, hubiese fracasado. En la primera huelga de hambre hubiese muerto. Como se sabe, la eficacia del satyagraha (la “fuerza de la verdad”) estribaba fundamentalmente en que ocurrió dentro de un marco jurídico y judicial inglés que apelaba a los ideales de la ilustración kantiana. Por eso, no hubiese funcionado en el contexto y bajo el ideal de justicia del sistema nazi, como él mismo lo supo. Ni dentro del parapeto completamente insincero y cínico del sistema judicial venezolano actual, frente al cual toda huelga o paro puede llevar a la aniquilación de sus protagonistas pero sin ceder ni un ápice el control del poder.

El satyagraha de Gandhi implicaba desobedecer leyes injustas a cualquier riesgo, pero sin dar lugar al resentimiento o al odio personal. La fuerza de la verdad implicaba oponerse a otra fuerza pero considerando siempre un respeto humano por los hombres que defienden lo contrario quizás convencidos de que tienen razón.

De allí que toda violencia es mala. No puede haber una violencia mala y otra buena porque siempre toda violencia denigra o degrada la condición humana de quien la recibe (y de quien la inflige). Simone Weil decía que “el frío del acero es igualmente mortal tanto en la empuñadura como en la punta”. Hay en toda violencia una parte irreductible de injusticia con respecto a quien la soporta y esta injusticia es en sí misma injustificable. Hay un contenido inhumano en todo acto de violencia que pervierte mi relación con el otro.

Fue Gandhi quien nos proporcionó el término de no-violencia. El mismo tradujo la palabra en Sánscrito ahimsa por la palabra en Inglés “non-violence”. Según nos explica Jean-Marie Muller, el término está compuesto por el prefijo negativo a y del sustantivo himsa que significa el deseo de violencia que existe en cualquier ser humano. Para Muller, es urgente tomar conciencia de este deseo de violencia que radica en nosotros y que contradice, a veces inconscientemente, nuestra vocación hacia la humanidad. Nos toca, entonces, reconocerlo, amaestrarlo, autorregularlo, no rechazarlo. Será necesario transformarlo, transmutarlo, convertirlo para que su propia energía deje de ser destructiva y se vuelva constructiva. Agrega que la estructura de la lucha no-violenta es tripolar. Se crea lo que llama una “triangulación” del conflicto. El tercer polo del conflicto es la opinión pública. Hay, por lo tanto, tres actores: los resistentes, los que toman las decisiones y la opinión pública. Pero en los primeros debe haber mucha serenidad, dignidad y coraje, como lo hubo en todos los indios que acompañaron a Gandhi.

Franklin Brito, a su modo, pareció comprender esto. Murió sin rencores, sereno y dignamente.




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