miércoles, 23 de enero de 2008

De voces, madrigueras, enquistamientos, concelebraciones y silencios… (Memoria de Adriano)

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(Adenda: agregamos, siete años después, una copia de la carta a que hacemos referencia más abajo. lacl, 16 / 09 2015)
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De voces, madrigueras, enquistamientos, concelebraciones y silencios…
(Memoria de Adriano)
No me he ido. He estado acá, en mi terruño; si no agazapado, sí un tanto esquivo a las luces y al comercio entre los hombres. No he estado oculto a los amigos, pues a unos cuantos les consta que, cuando el día fue propicio, pudimos compartir en casa gratos momentos. Particularmente agradezco aquellas ocasiones en las que cerramos (y, más aún, en las que abrimos y cerramos) la velada entre coplas y cantos. Nada de disquisiciones políticas de cutícula. Los hilos de mi espíritu lograron, por fortuna, mantenerse desconectados de un afuera signado por la sempiterna ramplonería política que, por una parte, ha ofuscado a los hijos de la nación y, por la otra, les ha sumido en una perniciosa somnolencia, cuyo más emblemático atributo es la insensibilidad hacia la vida.

Termina uno agotándose de tanto discurrir contra la insania del alma que señorea en el orbe. No es que desee uno atribuirse categoría de virtuoso y saludable ante el resto de los mortales sino que, precisamente, porque constata la endémica propagación de tal insania es que busca refugio en su madriguera. Por fortuna, la voz siempre está allí, en el fondo, con uno, acompañándole, guiándole como un Cicerón de informe rostro. Siempre está la gana del vivir, latiendo, respirando, inquebrantable, saltando de un lado a otro, de una esencia a la otra, de una identidad a otra, esto es, de un pecho a otro pecho; de la roca al fuego, del fuego al agua y del agua a la piel. Porque roca, fuego y agua portan su piel tanto como la portan un ruido o un aroma fortuitos. Y tal voz, la voz de la gana, acude en nuestro rescate con los más poderosos o delicados timbres que quepa imaginar; en ocasiones, arrobándonos en un estado de sutileza del ánima que ni el propio Thor podría vulnerar con sus belicosas arengas y los arabescos de su insinuante martillo; en otras, secuestrándonos a un estado de incomprensible dicha o gracia, que agradecemos sin saber a quién o por qué y sin que ello haya de preocuparnos demasiado. La voz de la gana, del apetito de vivir, voz de una golosidad que no persigue hartura, late en todo corazón humano. Pero si muchos de nuestros corazones marchan desquiciados, acaso, ello sea atribuible al hecho de haber desmadejado el hombre la casa del alma. La palabra lo dice: des-quiciar. Los seres humanos le hemos arrebatado a la morada del alma el quicio donde se apuntalaba la puerta que daba paso a nuestra esencia y que, a un tanto, nos comunicaba con ese cielo que despunta justo ante nuestras narices. Acabamos con los momentos de reclusión y soledad, imperiosos a toda humana identidad. Y es en virtud de tal acto de cercenamiento y anulación que sólo algunos pocos espíritus logran mantenerse receptivos a la escucha poética, gracias a que no se rehusaron a la captadora contemplación de las singularidades silenciosas o fugaces con que nos obsequia madre natura.

Pero zurzamos desde otros puntos del lienzo…

Tengo un amigo que suele decir que se va a las catacumbas cuando necesita desprenderse del mundo del hombre. Esto es, por separarse de un afuera concebido para no dejar espacios ni continente a la esencia del vivir sin más, del vivir por puro gusto o del porque sí. Acaso no sea yo tan disciplinado como lo es mi amigo para disponer de ese culto a voluntad, pero el alma me lleva cuando ha llegado el momento de atenderme; y, de cuando en cuando, me ataca una sed de enquistamiento ante lo humano. Simplemente se da, es algo morfológico, algo así como el portento de la crisálida, previo al de su apertura al mundo.

Hace unos meses, en una entrevista, Miguel Von Dangel, soltó una frase sumamente perspicaz. Un periodista respetuosamente le increpaba el por qué de su silencio de los últimos años, ante tanto extravío y sonambulismo como los que se han apoderado del país. Él simplemente le espetó con una frase afilada como una navaja: “es que no hay nada que decir”. No recuerdo si fue en esa misma entrevista o, luego, durante una breve conversación cuando Yineska (para decirlo a la castiza, mi señora), nos presentó, en ocasión de la exposición de una parte de sus obras, que agregó: “es que ya todo está dicho”. Algo subyacente en mi fondo me hace sentir muy cercano a tales giros de expresión. Es como si dijéramos: “es que no hay nada que agregar” o “los bárbaros no tienen que llegar para complacer a nadie, pues los bárbaros ya están aquí, jadeantes en nuestra respiración”. Entre lo más reciente de su trabajo se encuentra una serie de cuadernos que él ha titulado, muy al propósito, Desperanto. El título es sugerente. Cuadernos saciados de imágenes, colorido e indescifrables jeroglíficos. Pues vivimos en una moderna Babel, bajo el atropello de catequizadas hordas de barbarie. Contemplando algunos de esos cuadernos me pareció percibir como si algo similar a aquello que he denominado enquistamiento ante lo humano fuese lo que les hubiera dado vida.

Es por ello que, en tributo a las hogareñas madrigueras, esas colmenas en las que podemos abandonarnos al enquistamiento que añadiré más abajo algunas imágenes de la que fuera por varios años una respirable morada para mí y los míos. Tanto para el enquistarse como para la entrañable celebración.

No quiero dar paso a lo que resta sin hacer alusión a que este año hubiera comenzado con el súbito adiós de Adriano González León. Si algún alumno suyo no saliera alguna vez de sus charlas en la 201 amando entrañablemente la literatura, probablemente haya sido porque desafortunadamente tenía obstruidos los caminos que van del oído al corazón o del corazón a la lengua, porque su sinceridad de sentimiento y la potencia de su expresión lograban conmover hasta al más desvencijado de los pupitres. En medio de sus clases, le agradaba improvisar, como lo haría un músico, literatura oral y animaba a los estudiantes a que participaran en el juego creativo. También gustaba ensayar cadáveres exquisitos con sus discípulos. Imagínense, en el aula más amplia de la Escuela de Letras de la UCV, resultaban unos difuntos un tanto sinuosos para oficiarles sepultura. La única frase de corte poético que me atreví a expresarle alguna vez, aparte de las consignadas en las aburridas pruebas escritas (creo que a él le aburrían más que a los estudiantes, por ello se iba a tomar un café mientras se presentaba el examen), fue la que lancé en una de esas componendas cadavéricas: el escorpión rosado de mis esperpentos… A él le gustó e hizo mención de ello y eso me bastó para seguir en mi inveterado anonimato. Días atrás Yineska me soltó una de esas frases suyas que se me quedan revoloteando por los aires. Me decía que Raúl Vethencourt, dueño de la legendaria Librería Suma, quien igualmente nos dejara de un modo un tanto absurdo antes de la Navidad (aun cuando la muerte acaso sea lo menos absurdo de todo futuro individual), como buen librero, se había llevado a un escritor de la mano. Quedó pendiente la copia que Yineska le había prometido a Adriano de aquella elegía que él escribiera con motivo del estallido del Challenger, aquella nave espacial que llevaba entre sus tripulantes a una maestra, escrito que a él se le había extraviado. Si existe un paraíso, un más allá, una celestial tierra de nadie que nos podremos figurar de una y mil formas, seguramente ya Adriano habrá entablado una de sus gratísimas conversas con la maestra, quien llevándole de la mano le estará dando noticias del más allá en una lengua críptica e incomprensible para el común de los mortales. A no dudarlo, Adriano es uno de los más espléndidos conversadores que haya dado a luz nuestra tierra. Y ¿por qué no? Acaso Raúl les habrá llamado ya para que vayan a tomar sus copas rebosantes de vino tinto, mientras él alza la suya, para brindar y dar las gracias por haber podido reanudar un ritual al que se vio forzado a abstenerse en tierras bajas; total, ya no hay corazón, ni riñones, ni hígado, ni ácido úrico que pesen en conciencia alguna. A Raúl no puedo más que procurarle mis gracias pues, por él di con muchos de los libros que han sido ejemplares en mi vida. Sin él yo no hubiera dado, en el momento en que di (y en el que lo necesitaba), con un par de libros maravillosos como lo son La Diosa Blanca y Los Dos Nacimientos de Dionisio, ambos de Robert Graves, por citar sólo dos. Lo he dicho antes, creo, con Graves que todo poema que haya sido pergeñado honradamente invoca a la Diosa Blanca, está escrito por su propio insuflo. De cuando en cuando, me da por cazar los momentos en que ella aparece entrelazada en la dicción (toda escritura es, antes, dicción). En poesía ella suele aparecer veladamente, aunque muchos poetas le han dedicado explícitamente muchos de sus cantos. Pero resulta asombrosa la cantidad de veces que lo hace encubierta entre los tejidos de la prosa narrativa o ensayística. Por ejemplo, en la extraordinaria Cubagua, de Enrique Bernardo Nuñez, ese secreto mejor guardado de Venezuela, para remedar una expresión de Alvaro Mutis cuando hizo alusión a la persona y la poesía de Juan Sánchez Peláez.

Bien. Ahora sí. Cierro esta crónica con el Acto Final (¿acaso un canto a la diosa?) de Hueso de mis huesos, libro de Adriano publicado en 1997, en la Rayuela del querido Gonzalo Rodríguez. Qué curioso, ése fue el primer libro de poesías de Adriano quien, ante todo, fue poeta. Entiéndaseme bien, para él lo sustancial era la poesía, incluso en la escritura narrativa. Esto puede ser corroborado al leer una entrevista que le hiciera hace una década María Luisa Páramo, la que agregamos de seguidas, amén de otras citas de su obra, siempre tan perfumada de ludismo y poesía.

Y más abajo, una nueva edición de Guarida de los Poetas, pues hace tiempo que esto está pendiente. Allí se juntan Pessoa, Machado, Serrat, Tom Waits, Gunnar Ekelöf, Zhanna Bichevskaya, Francois Villon, Sam Sheppard, Vallejo, un tributo a Max Erst y el fabuloso circo de Calder.

Memoria de la casa…




El maestro de ceremonias







La fiesta


























La vista
















El ocaso...














Un dragón surge de la fachada contigua y toma el cielo...



Selene



La clase de baile



El descanso










El sueño


ACTO FINAL

Detrás queda la espada envuelta por el fuego.
Restos de la fruta apetecible. El agua de oro y el
agua de piedra han corrido por los cuatro ríos.
La serpiente queda rezagada entre las hojas.
Con pieles y con túnicas hemos desafiado la
intemperie del mundo. Junto a las bestias y las aves
del viento, has cansado tus pies y multiplicado
tu dolor. El pan, que ha sido el pan de la lujuria
y los secretos, te lo ofrezco humedecido,
embriagado de lágrimas, cubierto de polvo para
salvar el polvo. Heredaste del reptil la doble lengua
de la seducción y el desamparo. Por eso tus
palabras se aproximan o desandan. Por eso obedecí
a tu voz y omití al ángel. Me tendiste tus brazos
desde el árbol. Yo me sentía el primer caballero
y no podía desairarte. Ese cambio de cortesías
quebrantó las ordenanzas, pero nos hizo conocer
el bien y mal. Ni ángeles, ni demonios,
ni dioses, nos volvimos humanos…
Y comenzamos a comernos la tierra con amor.

Adriano González León

(Poema que cierra el libro Hueso de mis huesos, Rayuela - Verbum, Taller de ediciones. Col. Las hogueras más altas, 1997)


ENCUENTRO CON ADRIANO GONZALEZ LEON
La figura de Adriano González León interesa también en su vertiente de auténtico activista cultural de lo latinoamericano. Su paso por universidades y otras instituciones, así como su participación en la televisión educativa iberoamericana como colaborador en el espacio "Taller abierto", dejan constancia de ello. Hay un cúmulo de buenos motivos, por tanto, para tomar contacto con este escritor profundamente animado por la fuerza del Caribe.
- Está justificado que comencemos hablando de proyectos. ¿Cuál es el más inmediato?
- En este momento, debo destacar la aparición, coincidiendo con la feria del libro de Madrid, de la edición de mis cuentos completos en Alfaguara bajo el título Todos los cuentos más Uno.
- ¿Más Uno? ¿Por qué?
- Porque el último es un cuento inédito que se llama precisamente Uno. Toma el título de un tango -"Uno busca lleno de esperanza los caminos que…" (tararea)- y, claro, es un texto poemático y lleno de nostalgias.
- Usted ha escrito varios libros de relatos breves, ¿cuáles se incluirán en esta edición?
- Los que yo considero cuentos en realidad están sólo en tres libros, Las hogueras más altas, Hombre que daba sed y Linaje de Árboles. Ésos son los que ahora aparecerán juntos…más Uno. Hay otros libros míos que no pueden considerarse de relatos, como Asfalto-Infierno, que es un conjunto de texto libres sobre la ciudad.
- Del rayo y de la lluvia contiene textos que tampoco podrían llamarse relatos, quizá.
- Es una colección de crónicas poemáticas, inéditas en España, de la que precisamente acaba de aparecer ahora una amplia selección en una edición bellísima , bajo el título Crónicas del rayo y de la lluvia, iniciando un nuevo proyecto editorial del Ayuntamiento de Cádiz. Estos textos están animados por el propósito de convertir noticias en poesía, claro que no se trata de las noticias habituales, sino de aquéllas que encontramos de pronto al fondo de un diario y nos sorprenden, como la del hombre que se dejó morir de amor en un banco, o la del cumpleaños del cometa Halley.
- ¿Sería posible hacer poesía con las noticias de todos los días?
- Ésas son completamente imbéciles, sobre todo las de tipo político, pero las noticias curiosas dan pie para soñar. Por ejemplo, hace seis o siete años escribí una crónica en la que, soñando, me anticipé a la noticia actual de que hay agua en Marte.
- Algunas de estas crónicas hablan de ciudades y viajes. Son muy importantes para usted las ciudades, ¿verdad? En País portátil, su primera novela ahora relanzada en edición de bolsillo por Alfaguara, lo urbano y lo rural se combinaban; pero ahora su literatura parece vencerse más hacia el lado de la ciudad.
- Mis relatos son casi completamente rurales, memorias de la infancia; pero sí, las ciudades me atraen de manera especial.
- Volviendo a los relatos, Hombre que daba sed merece, en mi opinión, mención especial.
- Se trata de un relato en el que el monólogo interior se vuelve del revés para adoptar la perspectiva externa, la del que ve al personaje en simultaneidad y lo expresa mediante la gran tromba de las palabras, tromba que se lleva por delante los puntos y las comas. En casi todos mis cuentos, así como en la novela Viejo, la anécdota no cuenta mucho, cuenta fundamentalmente el pálpito del idioma.
- Algunos críticos han definido su literatura como formalista, ¿está usted corroborándolo?
- No se trata de formalismo, es que el idioma es por sí sólo un contenido, es una anécdota y una verdad. Cada palabra cuenta y puede contar por sí sola una historia, si el lector tiene imaginación. Las palabras están llenas de emociones, de paisajes y de vidas interiores que el lector puede construir. Esto es lo que pretendo mostrar en mi último trabajo, en el que el personaje prácticamente es la palabra junto con la luz.
- ¿Palabra y luz?
- Sí, palabra y luz, porque en este relato tengo como punto de partida la figura de un pintor que trabajó extraordinariamente con la luz del Caribe y , en su continuo combate por conseguir un proceso de síntesis, llegó a reducir los cuadros solamente al blanco. A mí me impresionó esta idea y he tratado de reconstruir la perspectiva del pintor, añadiéndole todo lo que me ha hecho imaginar esta figura, para escribir con ello un relato largo que va a sorprender a mucha gente. No es una novela con intriga, no se podrá llevar al cine ni a la televisión para satisfacer el gusto mediocre, a pesar de que esté hecha fundamentalmente de imágenes.
- Aparente paradoja.
- El lenguaje puro de la imagen no tiene cabida en la industria porque no es comercial: el mar batiendo, las palmeras que se mueven, aquellas muñecas de trapo que el pintor utilizaba como modelos no son formas reconocibles y fáciles, se mueven más bien en la abstracción. Yo me sentiría perfectamente instalado en estos cauces de expresión, si llegara un día en que pudiera darse en los medios audiovisuales la misma batalla que a principios de siglo dieron los pintores abstractos o gran parte de los pintores surrealistas, que eran excesivamente imaginativos y distorsionaban la realidad, o mostraban una que estaba más allá de la de todos los días.
- ¿Será una novela este nuevo texto?
- Será un relato largo difícil de etiquetar, al que de momento le he encontrado el título de Viento blanco. Las cosas pasan con gran rapidez y son blancas.
- La plástica forma parte de su mundo, tan plagado de imágenes. En los libros, sus palabras aparecen acompañadas de ilustraciones notables, dibujos, acuarelas, serigrafías. ¿También son importantes para usted los sonidos?
- Muy importantes. Las palabras y sus uniones son válidas en la medida en que crean una eufonía. Mi único prejuicio con respecto a modismos tomados de otros idiomas es precisamente éste. En las páginas de internet y en la nomenclatura informática general encontramos términos como "accesar" o "formatear", que me parecen horrorosos; sin embargo, encuentro bello eufónicamente "escanear", porque me sugiere "esquilar", y entonces la palabra adquiere para mí una categoría poética superior. En este sentido, creo que el problema no es que una palabra sea correcta o no, es que sea o no bella, y esto los académicos lo deberían tener en consideración.
- ¿Y los olores?
- En País portátil la ciudad huele a gasolina y a fruta fermentada; el mundo rural huele a vejez, a antigüedad. Las mujeres parientes del personaje huelen a alcanfor, a remedios, a santos y a velas quemadas. Por cierto, recuerdo como uno de los juicios más lindos sobre la novela el de mi hermana, que me dijo cuando iba por la mitad del libro que por fin había encontrado una mujer que oliera bien, Delia, porque yo digo allí que está "enmandarinada". Tiene una enorme dificultad plantearse cómo hacer sonoros los olores y visibles las esencias. La pintura puede sugerir los olores, pero en el cine, la televisión y la radio es mucho más difícil; las escenas campestres de los pintores flamencos huelen, las vírgenes y los cazadores de los renacentistas también huelen, pero las películas no.
- Hueso de mis huesos es, "oficialmente", su primer libro de poemas, pero ¿no resulta esta clasificación en el contexto de su obra, cuando menos, discutible?
- Se trata de un texto orgánico, de organización poemática, teñido de imágenes y metáforas, y en el que curiosamente la narrativa y la dramática influyen bastante, porque tiene unidad, porque en él utilizo el artificio de los actos para organizar parte de la estructura, cinco actos como una tragedia, y porque además tiene anécdota. De pronto un hombre está observando la ciudad desde una ventana, absorbiéndola, captándola. Él parte de la observación de la ciudad-madre, Caracas, pero se le juntan todas las ciudades de su experiencia y su imaginación, de su propia historia.
- Las ciudades colaboran en la estructura de la obra y muy relacionadas con ellas aparecen las mujeres. ¿Pero aquí las mujeres son algo más?
- Personajes de ficción, personajes de la mitología como la diosa Ishtar, Dulcinea, Ofelia o Isolda, van conformando lo que podríamos llamar el núcleo femenino por excelencia, que es lo que yo trato de alcanzar aquí. Pero también hay mujeres de carne y hueso, que transcurren por Buenos Aires o por el propio museo del Prado, transformadas mediante la idealización; nacen en la realidad , pero en la memoria esa realidad se agiliza, se magnifica, se convierte en homenaje, se hace carne y se hace hueso. Siempre he pensado que hay un elemento universal en el trasfondo femenino que va más allá de la "compañera" que Dios da a Adán. Coatlicue, por ejemplo, representa a la madre tierra en la mitología azteca, es la engendradora, la que contiene todas las verdades de la existencia, y lo mismo ocurre en otras mitologías, griega, latina, púnica. Esta presencia de lo que yo llamaría lo femenino inmortal es la que quise plasmar en mi libro, pero a través de una experiencia absolutamente humana: "Por eso obedecí a tu voz y omití el ángel. Me tendiste tus brazos desde el árbol. Yo me sentía el primer caballero y no podía desairarte. Ese cambio de cortesías quebrantó las ordenanzas, pero nos hizo conocer el bien y el mal. Ni ángeles, ni demonios, ni dioses, nos volvimos humanos… Y comenzamos a comernos la tierra con amor". ¡Poder levantar la condición de uno!
- ¿Y las rosas, qué encierran las múltiples y diversas rosas del texto?
- Las rosas son el elemento menos trágico. Pueden comunicar olores, pueden dar la sensación de primavera, de jardín, y sobre todo son la ternura, la infancia. Son capaces, además, de trasponer cada uno de los colores y las texturas de la realidad y de la imaginación: rosa frágil, rosa de plata. Las rosas introducen frescura en la tragedia, tamizan lo sensitivo.
- "Hueso de mis huesos" es una frase con la que Adán se refiere a Eva, pero también la llama "carne de mi carne". ¿Por qué esa elección para el título?
- Primero, por una cuestión de eufonía y, segundo, porque los huesos son más perdurables y son la estructura que sujeta esa carne que es perecedera en la tradición cristiana. Un milagro de la arqueología podría hacer que se encontraran los huesos de Adán y de Eva, pero no sus corazones.
- ¿Cómo ve usted Venezuela desde Madrid?
- Cuando llegó Colón a las costas venezolanas en el tercer viaje, hizo constar en su informe que vio pelear el agua dulce con el agua salada, añadiendo que creía que, según sus conocimientos, más adentro debía estar el Paraíso Terrenal. Hay que agradecer a Colón este exceso poético e imaginativo, pero el caso es que también la denominó "tierra de gracia" y ahí parece estar más cerca de la verdad; porque Venezuela es un país que hace de la imaginación y del humor el socorro de su miseria de rico, la miseria de no saberse encontrar, de ir dando tumbos por la historia. Claro que poco a poco el país busca su camino y se merece hallarlo. Pero hay anécdotas, como la de Juan de la Cosa trazando el mapa casi exacto de nuestras costas, que nos muestran una Venezuela mezclada con el azar y la locura. En ello está quizá lo más atrayente de mi país, en el hecho de que se mueve siempre entre esos parámetros, por eso yo lo llamé "país portátil".
- ¿Afecta a esa imagen el cargo que desempeña en la embajada?
- Aunque no fuera agregado cultural, sería igualmente fiel a mis imágenes, a mis emociones y a mis recuerdos. Pero también sería absolutamente fiel a mi sentido crítico: no voy a aceptar como un patriotero ninguna de las dificultades y de los horrores que ocurren en el país. Todo lo someto a análisis, a vigilancia, y creo que es lo mejor que cualquiera puede hacer por su tierra natal. El encanto del Orinoco o del mar Caribe sobre Margarita no me hace olvidar los problemas.

- Usted ha viajado y ha conocido muchos y diversos lugares. Basándose en esa experiencia, ¿podría afirmar la existencia de una gran cultura occidental, o son mejor observables las diferencias?
- No me acerco a la idea de una cultura occidental, pero tampoco creo en la preeminencia de las culturas nacionales o regionales. Creo que los latinoamericanos vivimos en un gran país que va desde los Pirineos a la Tierra del Fuego. Ciudades como Buenos Aires o Bogotá me han marcado en una época de mi vida. Y ahora Madrid, donde llevo ya tres años instalado. En todas estas ciudades estoy en mi casa.
- ¿Y La Habana?
- La Habana es la capital de todos los que pertenecemos a la que yo llamo la generación del 60. Cuba es un gran amor y es un gran dolor. Esperábamos, al menos yo esperaba mucho más de una revolución con la cual contribuimos en extremo. El destino histórico ha querido que las cosas sean distintas y que este país, que constituye el más hondo afecto para cualquier ciudadano del Caribe, no haya podido encontrar su rumbo. Es posible que lo encuentre; pero, eso sí, sólo lo encontrará sin agresiones imperialistas, lejos de la estupidez que circula por ciertos lugares del exilio y libre de bloqueos económicos. El propio pueblo cubano dará su verdad, y lo deseable es que esa verdad no llegue a estruendo. Hace poco escribía yo un texto para la revista Encuentros en el que repetía el latiguillo "hay que volver a Cuba", porque mi deseo es que la Isla esté presente en Latinoamérica y en España con todas sus virtudes y sus sueños; al fin y al cabo la patria, como decía José Martí, no es otra cosa que "un pedazo de tierra sobre un pedazo de cielo". Pero aquí hay demasiados intereses tratando de pescar en mar revuelto.
- En mar revuelto… ¿Por qué es tan importante el mar para usted?
- Porque soy montañés y nadie se deslumbra sino por lo desconocido.
- Su actividad cultural en España es amplia. De ella, se podría destacar, por ejemplo, su participación en la oferta educativa y cultural de la Casa de América. ¿Qué tal el curso que está coordinando allí?
- La Casa de América es una de las instituciones más importantes para las relaciones culturales internacionales, por encima de otras similares. Es trascendental que exista la oportunidad de que, en la capital de España, los diferentes países de América Latina puedan presentar de un modo coherente su expresión literaria, plástica, cinematográfica y folklórica, puedan revisar su historia y contrastar sus investigaciones científicas, puedan encontrarse. Y esto está por encima de las propias dificultades de la institución. Este curso, que ha tenido como excusa los quinientos años del viaje de Colón , ha permitido presentar un aspecto de América Latina que no está muy difundido: el de las culturas prehispánicas y sus derivaciones posteriores en la literatura contemporánea a través de Asturias, Borges, o Carpentier. Planeé el curso, diseñé las sesiones y luego me he sorprendido del enorme éxito alcanzado: pensé en un seminario para unas veinte personas y la asistencia real a las sesiones supera las cincuenta. A pesar de ello hay discusión, hay oportunidad de hablar y preguntar, hay vínculo.
- Volviendo a su obra, ¿cree que ahora, con tantas ediciones en el mercado, podría llegar al gran público en España?
- Hay muchos que llaman publicar sólo a estar en las librerías de aeropuerto, y eso es otra cosa. Sólo me inclino por las ediciones que suponen una responsabilidad del espíritu, como estas últimas de las que hemos hablado, que no son simples libros de figurón. En mí las palabras se agolpan y resuenan con una fuerza implacable, por eso sólo me interesa hablar de mis imágenes, de las que surgen en mi propia mente y de las que heredé, pero que yo trastoco. Nunca podré ser un escritor comercial, ni siquiera soy un escritor profesional.
-¿Y figurar entre los galardonados con el premio Biblioteca Breve, junto a nombres como los de Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Cabrera Infante, no supone casi una consagración?
- Era un premio de honor y de prestigio, verdaderamente. Porque ni siquiera tenía un valor en metálico, lo más que conseguía el premiado era un adelanto sobre sus derechos de autor. Sin embargo, estamos hablando del premio que significó el nuevo contacto entre América Latina y España, roto desde la época de Rubén Darío. Nunca se le podrá agradecer bastante aquella idea a Carlos Barral.

© María Luisa Páramo 1998El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero8/adriano.htm



"…Sólo hay un presente que puede proseguirse: el día inexistente, el que no malgastamos día a día, esa hora lujosamente imaginada contra la cual no pueden gigantes ni quimeras ni endriagos ni huracanes. Por ello, corren arroyos sin decirlo, apenas tendidos entre el verde y las nubes que han copiado. Jamás enturbiaré los manantiales para decir que moriré de sed por ti. No es esa buena pista. Porque tú no intervienes. Quiero jugar a prueba tu crueldad. Basta que consideres en qué estado me has puesto por no saber que existo. Este amor lamentoso vive porque no ha nacido en ti, porque no sabes que desfallezco y caigo y prefiero canciones y tormentos por tu desdén que es un desdén que amo…”

Adriano González León.

Guarida de los poetas


Pessoa - De Campos



Machado - Serrat



Sam Sheppard lee a Vallejo
Sam Shepard reading "Lines" at the Cesar Vallejo tribute at St. Mark's Churc (english)



Zhanna Bichevskaya - The prayer of François Villon



Gunnar Ekelöf - Till Posthumus musikvideo /

Memorable es su Diwan, si mal no recuerdo, publicado en nuestra lengua por Alianza Editorial.

http://www.youtube.com/watch?v=jsSbik0uPE4


Tom Waits For No One - Animated 1979 ... John Lamb







Tributo a Max Ernst
http://www.youtube.com/watch?v=pfs_Wh-a0Nk

El circo de Calder, parte 1


El circo de Calder, Parte 2